Japón tiene una mezcla de leyes rigurosas, políticas de prevención del crimen y un conjunto de actividades comunitarias y educativas que le aseguran el éxito de la seguridad a los ciudadanos.

Según la oficina de Naciones Unidas sobre drogas y crímenes, en Japón se cometieron el año pasado 0,28 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Los japoneses consiguen dormir tranquilos gracias a la seguridad proporcionada por una política de tolerancia cero a las armas y a un sistema policial comunitario.

Otro factor muy importante es la educación y lo que invierte el país en ella, «En Japón, los niños aprenden desde bien temprano que es un crimen quedarse con lo que no es suyo. No existe eso de «encontrado no es robado», indica Mayumi Uemura, directora de una escuela en Japón.

La seguridad pública está garantizada por un contingente de 290.000 policías. Son ellos quienes mantienen esa confianza que existe entre la población y la policía a través de los kōban, ideados en 1874 para combatir el crimen.

Japón está repleto de rigurosas leyes y los policías acostumbran a hacer rondas en bicicletas en su labor de vigilancia. Ellos tampoco usan armas, y en su lugar, suelen recurrir a las artes marciales.

El secreto del éxito del modelo japonés, es la integración que existe entre la policía y la comunidad, basada en el «respeto mutuo».
La ciudadanía es sumamente participativa por lo que la colaboración ciudadana es de los principales pilares para hacer de Japón un lugar pacífico.

También tienen un estricto Código Penal y lo utiliza, por lo que es un precedente a los conductores más relajados en el cumplimiento de la normas.

Todo esto es posible con la cero tolerancia a la corrupción la cual es posible debido a su fascinante cultura que es admirada el resto del mundo.


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