Ante el horror por la masacre de Nueva Zelanda, destacan historias como la del heroico Abdul Aziz, un hombre que evitó que se produjeran más muertes.

Abdul Aziz estaba con sus cuatro hijos en la mezquita Linwood durante las oraciones del viernes cuando lo vio venir. Brenton Tarrant avanzaba a los tiros hacia ellos y él decidió hacer algo. Abdul le arrojó lo primero que vio, una máquina para cobros con tarjetas de crédito.
La mezquita de Linwood en Christchurch fue la segunda que atacó Tarrant en menos de una hora. Aziz por su parte, atrajo al tirador a una persecución, y así logró que se alejara a toda velocidad en su auto pues cuando se quedó sin munición, Aziz recogió el arma vacía de Tarrant y se la lanzó al carro.

«Se metió en su auto y yo sólo tomé el arma y la arrojé a su ventana como una flecha y le rompí la ventana», dijo. El parabrisas se rompió: «Por eso se asustó y se fue.»

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